jueves, 16 de septiembre de 2010

Aspiraciones de libertad


La primera vez que escuché la expresión «el hombre es un lobo para el hombre» del filósofo Thomas Hobbes me quedé pensativo y algo triste porque es cierto que en no pocas ocasiones nos comportamos como enemigos de nuestros semejantes y hacemos de la agresividad nuestra carta de presentación individual y social. Basta acercarse a las noticias de actualidad de cualquier medio de comunicación para comprobar la veracidad de lo que se afirma y en esas aparecen malos tratos, guerras, violaciones, muertes violentas, robos y un sinfín de atrocidades cometidas por las personas.
Cuando la expresión fue la de «el hombre es bueno por naturaleza» del francés Jean Jacques Rousseau también me suscitó ideas, en esta ocasión, positivas y cargadas de esperanzas en el futuro de la especie humana. Son muchos los que hacen, y otros tantos que lo intentamos, de la bondad la principal vía de expresión personal. Hombres y mujeres que han dado la vida por sus seres queridos o por otros que lo necesitaban, o por el país, o por unas ideas o creencias o en el cumplimiento de su deber profesional.

Y cuando leo que «cualquier persona puede cometer un homicidio en una situación límite» algo me dice que de nuevo aparecen las generalizaciones y estas son bastante imprecisas e injustas y me explico. El comportamiento humano tiene tantas versiones y particularidades como los protagonistas de los mismos le van imprimiendo. Siempre que resumamos un conjunto o una totalidad en una expresión estaremos ganando en claridad pedagógica, pero perderemos matices que nos conducirán a errores en la interpretación práctica y nos lanzarán una vez más al eterno debate de si el hombre es libre o si está tan condicionado por la dotación genética o por su fisiología o por su capacidad intelectual o por las circunstancias ambientales que llega a estar previsiblemente establecido.



Creo que el comportamiento del hombre se mueve en un continuo entre libertad y determinismo y en medio se encuentra la totalidad de los mismos. Algunos tienen más de decisión personal y menos de condicionado y así nos movemos en las infinitas combinaciones que se puedan realizar entre ellos. Por eso nos preguntamos en qué medida alguien es libre cuando decide qué conducta va a desarrollar y los profesionales de la justicia, asesorados por los de la medicina psiquiátrica y de la psicología, se debaten continuamente en ello. Si se demuestra que se es menos libre y más prefijado entonces la responsabilidad del individuo es menor o por el contrario es mayor y la sanción también lo será.

La madurez humana va en consonancia con la capacidad que tiene el sujeto en poder tomar decisiones y comportarse ejerciendo la libertad y controlando los condicionantes que le limitan en sus posibilidades. Pienso que no todos estamos preparados ni capacitados para grandes hazañas ni que tampoco todos llegaríamos a matar a otros. Afirmar que en determinadas situaciones daríamos la vida por los demás o, por el contrario, quitaríamos la vida nos estaría anulando la responsabilidad de nuestros actos porque no habríamos sido libres ni en la decisión ni en la ejecución y, por tanto, nos convertiría en seres amorales que hagan lo que hagan siempre llegarán a las mismas conductas, nos encontraríamos con que no tendríamos nada que cambiar.

Me resisto a creer que somos lobos unos con otros, ni que nacemos buenos por naturaleza ni que cualquiera pueda llegar a la misma conducta en unas condiciones similares aunque sean extremas, porque considero que somos seres racionales con claras aspiraciones a ser cada día más libre. Este ir dotándonos de libertad es a costa de que vamos controlando nuestros determinismos e instintos, la parte menos humana y más animal, y así es como la especie humana sigue avanzando y mejorando.

JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ CHAVERO
PSICÓLOGO CLÍNICO Y MÁSTER EN BIOÉTICA

Fuente: hoy.es

viernes, 10 de septiembre de 2010

La vuelta al cole

Parece que ya se acabaron las vacaciones de verano, y no solo es la vuelta cole para los más pequeños sino para todos. Pues de una manera u otra manifestamos sentimiento ambiguos de ilusión y tristeza, parece que esto es lo que nos quiere transmitir la pequeña Mafalda.






Si que es cierto que a quienes más cuesta adaptarse son a nuestros hijos porque las vaciones escolares son mucho más largas. Es por ello que os recomendamos los siguiente puntos.

1. Entender que el periodo de adptación al cole lleva unos cuanto de días. Tanto para nuestros hijos como para los padres.

2. Preparar a nuestros hijos, y mucho más a los más pequeños para mentalizarles de "la vuelta a cole" de una forma positiva (ej. reencuentro con sus amigos)

2. Hay que ir introduciendo de nuevo rutinas y horarios del curso con flexibilidad.

3. Acompañar los padres, si puede ser a su primer día de clases. Y fomentar desde ahi su confianza y seguridad.


Para saber más: www.vueltaalcole.com

Mª Del Carmen González Rivas
Psicóloga

miércoles, 1 de septiembre de 2010

No dejes morir el AMOR

A veces en nuestra vida se puede ir colando ciertos pensamientos y sentimientos que nos conducen a perder no solo el amor de los demás sino el nuestro propio, mi reconocimiento y valor como persona. Esta es una reflexión que invita a adentrarse en tu vida y ver en donde pones las prioridades, y en donde encaja el AMOR.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Venciendo ansiedades en el Camino


Uno de los problemas más comunes en nuestros tiempos en consultas clínicas vienen siendo los trastornos de ansiedad. En el caso de algunos jóvenes se presentan en problemas con los exámenes, o de relaciones de pareja, que es lo que les toca vivir en ese momento evolutivo. Y es que probablemente muchos de nosotros veríamos que se trata de algo que posiblemente sería fácil de solucionar. Sin embargo cuando intentamos ayudarnos desde el enfoque sistémico y humanista durante la terapia, observamos cómo estos jóvenes tienen una carencia importante que es la de proponerse metas y afrontar determinados miedos que les sitúan en dar el paso a la asunción de determinadas responsabilidades, así como posibles frustraciones que puedan venir a lo largo de su vida.


Manejar estos miedos, incertidumbres es lo que verdaderamente ayudaría a estos jóvenes y no tanto dar una técnica concreta de afrontamiento del estrés (aunque pueda ayudar por supuesto pero no es la raíz del asunto). Es por tanto urgente proponer a los jóvenes actividades que les ayuden y favorezcan en su crecimiento personal, sino vienen dadas por las circunstancias que fueren hay que buscarlas y aprovechar esa oportunidad para aceptarlas. De ahí la experiencia del Camino de Santiago que muchos jóvenes han realizado durante todo este verano. Y es que la peregrinación es toda una metáfora de la vida, la vida misma que nos enseña a ver que los caminos fáciles no llevan a la verdadera felicidad, sino que todo es cuestión de esfuerzo, paciencia y perseverancia. Ahí es donde todos los miedos, inseguridades se redefinen, cambian y se les da un nuevo color facilitando no solo superar las ansiedades de muchos jóvenes a los exámenes o dificultades en sus relaciones de pareja sino algo mucho más central: un nuevo horizonte que los conduzca a revisar la propia vida y dar importancia a lo que es verdaderamente importante.

Mª Del Carmen González Rivas
Psicóloga

sábado, 14 de agosto de 2010

En vacaciones seguimos educando


Si durante el período de trabajo hemos tenido mucha preocupación para conciliar el trabajo y la vida de familia, tenemos unos días para recuperar, sin agobios, un tiempo magnífico para vivir con serenidad.

Ha llegado pues el momento de disfrutar de los hijos con tranquilidad y aprovechar el tener a mano la posibilidad de darse personalmente sin prisas, buscando el mejor tiempo para que estas vacaciones queden en la memoria de los nuestros.

Procuremos ¡esto si!: con mayor flexibilidad, seguir viviendo en casa la obediencia. Es normal relajarse y descansar pero es necesario no perder todo lo que hemos logrado anteriormente. Es también el momento de revisar la lista de encargos y hacer cambios. Seguir con la idea de la participación de los hijos en las tareas del hogar, con la motivación de poder ampliar el abanico de diversiones será beneficioso para todos.

El ocio de nuestros hijos ha de ser considerado como reparador de fuerzas, de descanso del estudio, así como para los adultos es un descanso del trabajo. Este es un aspecto importante del ocio, actividad relacionada con el espíritu, que se opone radicalmente al negocio –negación del ocio– y que no busca ningún provecho material. Es bueno que los hijos adolescentes comenten con los padres que actividades les gustaría hacer, a partir de cierta edad pueden elegirlas libremente, con orientación nuestra. Al ser el ocio de nuestros hijos, fruto de lo que ellos han querido escoger, podrán ejercitar su iniciativa, creatividad, inventiva e imaginación.

No olvidemos estas pequeñas recomendaciones:

Alegría y el buen humor en el ambiente en vacaciones

Para evitar problemas es aconsejable organizar actividades divertidas y atractivas; y especialmente elegir lugares en que podamos encontrar otras familias ocupadas de la formación de sus hijos y unirnos para encontrar diversiones -las excursiones y el deporte siempre son las calificadas con más “estrellas”- y mejorarnos, padres e hijos, a través del trato social. Vivir la amistad con más intensidad y la sociabilidad son dos valores propios del tiempo de vacaciones.

Dar mayor importancia al diálogo

En tiempo de vacaciones las conversaciones pueden y deben ser más relajadas y aprovechar el tiempo de descanso para tratar temas más profundos como las consecuencias de las salidas nocturnas, adicciones, sexualidad, el uso del móvil, el de Internet, etc.… y escuchar lo que piensan nuestros hijos. Igual que en medicina con el diagnóstico precoz, en educación también se trata de prever. Si escuchamos sin mirar el reloj entenderemos mejor las inquietudes y la forma de ser de nuestros hijos.

No olvidar a los abuelos

Algunos padres se reúnen con otras familias en casa de los abuelos. Se trata de organizarse de manera que los abuelos estén descansados para transmitir raíces, memorias y cultura de la vida sin estar agobiados. La mejor manera es ponerse de acuerdo con ellos antes de empezar la estancia en su hogar. Es una ocasión de oro para los nietos convivir pacíficamente con los progenitores de sus padres. Con orden se puede hacer de abuelo o de abuela (lo digo por mi experiencia) con toda la capacidad de amar que dan los años y el sentimiento de cariño que reedita la juventud del corazón de los que tenemos el privilegio de ser abuelos.

Victoria Cardona

Orientadora Familiar

miércoles, 28 de julio de 2010

Cómo salir del círculo vicioso de los problemas en la Psicoterapia de Pareja


Muchas parejas que se quieren y que realmente desean seguir juntos pasan por etapas muy difíciles en que los pleitos y los problemas parecen minar su convivencia.

Muchas veces tratamos de dar alguna solución a algún problema de nuestra relación que, aunque parece lógica, resulto inefectiva. En esos casos las personas generalmente pensamos que no hemos intentado esa “solución” lo suficientemente intensa o frecuentemente y, entonces, guiados por nuestros mapas mentales y creencias, hacemos mas de lo mismo.

No siempre lo que parece lógico realmente es útil para salir de los problemas en que nos hemos entrampado. Lo que sea que hagamos deberíamos evaluarlo más por sus resultados que por nuestra lógica.

Los cambios que deseamos en nuestra relación, podemos iniciarlos nosotros mismos, si empezamos a:

1- Prestar atención a lo que ha funcionado en el pasado en la relación. Si recordamos las ocasiones en que nuestra relación ha estado mejor ¿Qué era diferente entonces? ¿Cómo era diferente?

2- Observar lo que actualmente ocurre en el presente en nuestra interacción con el otro.

¿Que es distinto en las ocasiones en que la relación esta bien o, por lo menos, menos mal?

¿Qué hacemos distinto?

¿Qué vería diferente la gente a nuestro alrededor?

3- Identificar cómo se da el patrón de interacción en que surgen los problemas

(¿De qué manera la conducta de cada uno contribuye a hacer el problema de la pareja?) y empezamos a cambiar algunos aspectos de éste.

Puede ser en nuestra manera de actuar ante la situación problemática: empezar a callarnos, en lugar de hablar, o dejar que se vaya la otra persona un rato en lugar de perseguirlo para seguir la discusión, etc.

Cambios en el contexto o situación en que se da el problema: Procurar hacer el problema en la sala de la casa en lugar de en el cuarto o hablando de espaldas el uno del otro en vez de enfrente.

Cambios en el tiempo: Cambiar el momento en que se creaba el problema

4- La terapia de pareja es un trabajo que requiere ir cambiando las quejas que se presentan a peticiones, de lo que cada uno necesita que el otro empiece a hacer distinto en la relación.

5- Avanzar poco a poco, metiendo pequeños cambios que estratégicamente hagan una diferencia.

6- Ayudar a la pareja a crear una visión de la vida que quieren empezar a tener juntos y apoyarlos para ir avanzando en la dirección que necesitan.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia (Silvia Bobadilla)

viernes, 23 de julio de 2010

¿ QUÉ ES LA TERAPIA FAMILIAR ?




La terapia familiar empezó a desarrollarse en Estados Unidos en la década de los cincuenta después de que grupos de psicólogos y psiquiatras comenzaran a trabajar con las familias de los pacientes afectados por diferentes trastornos y comprobaran los buenos resultados. Este tipo de tratamiento llegó a Europa en los años setenta, y diez años después a España, donde ha ido creciendo hasta convertirse en un modelo de referencia que aplican alrededor de 1.500 especialistas pertenecientes a la Sociedad Española de Terapia Familiar.

La base de este tipo de terapia sostiene que tratar de forma aislada a un paciente con una patología grave, sin tener en cuenta su entorno resulta a menudo infructuoso, debido a que alrededor de esa persona se dan una serie de situaciones y factores, entre los que destaca la familia, que influyen en el mantenimiento, mejora o empeoramiento del problema inicial. Esta afirmación la corrobora el psiquiatra, psicoanalista y terapeuta de familia Norberto Mascaró, quien asegura que en la psiquiatría infantil también se ha llegado a la misma conclusión. "Cuando vemos a un niño problemático en un colegio y nos reunimos con los padres, en un alto porcentaje encontramos una problemática familiar detrás del niño que hace que actúe de esa determinada manera".

Los seres humanos somos seres relacionales, es decir, sólo podemos entendernos en relación con los demás, y el principal lugar donde aprendemos a hacerlo es la familia. El psiquiatra y psicoterapeuta Roberto Pereira, director de la Escuela Vasco Navarra de Terapia Familiar, cree que el sistema familiar es el grupo humano más estable que hay y que en cada caso se dan unas normas de funcionamiento concretas. "Cada familia debe ser capaz de atender las necesidades de sus miembros y, a la vez, permitir que adquieran autonomía con el paso del tiempo. También debe ser capaz de adaptarse a los cambios que ocurren dentro y fuera del sistema familiar. Pero esas adaptaciones no son sencillas de realizar, sobre todo cuando se dan otros factores añadidos que las dificultan, como enfermedades, problemas económicos o dificultades de relación entre algunos miembros de la familia".

En algunos casos las familias no cuentan con recursos suficientes para hacer frente de forma adecuada a esos cambios inesperados. "Por ejemplo, cuando se produce la separación de los padres a veces se utiliza a los hijos para atacarse mutuamente. Otro problema habitual es el conflicto adolescente o la crisis que surge entre la necesidad de cuidados que sienten los padres y el deseo de autonomía de los hijos. "Normalmente el desacuerdo tiene que ver con los ritmos en que deben darse ambas cosas", apunta el doctor Pereira.

Una de las premisas de la terapia familiar es que no se debe culpar a una sola persona de todos los problemas porque además de ser injusto, conlleva el riesgo de fijarla de forma permanente a esa situación problemática y al rol de 'enfermo' u 'oveja negra de la familia'. La terapeuta familiar Annette Kreuz, desde la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas, explica que el término 'culpa' no les convence, "porque normalmente los problemas surgen de una situación compleja donde están implicados tanto los contextos externos como las situaciones personales. En terapia familiar se trabaja con la familia no porque sean los culpables de nada, sino porque es el sitio idóneo para movilizar fuerzas o para conseguir que las personas que sufren más puedan superar sus problemas".


En qué tipo de problemas se puede aplicar

En el tratamiento de ciertos problemas psicológicos la ayuda de la familia es totalmente imprescindible, asegura Kreuz. Entre ellos se encuentran los trastornos de alimentación, las diferentes adicciones, diversas enfermedades físicas y mentales, el maltrato a la pareja, los abusos sexuales o los trastornos de personalidad, denominador común bajo el que se engloban toda una serie de alteraciones de la conducta, de impulsividad, trasgresión a las normas impuestas por la familia o el colegio, frecuentes en chavales jóvenes muy difíciles de manejar, con baja tolerancia a la frustración y que no aceptan bien los límites, según Norberto Mascaró, coordinador de psicoterapia de la Sociedad de Avances Médicos. A su juicio este es el tipo de patología más frecuente en la actualidad, acompañado en muchos casos por el consumo de drogas.

A pesar de que puedan no estar funcionando bien y tengan dificultades, todas las familias tienen un potencial muy grande para cambiar y funcionar mejor. Por eso, insiste el doctor Pereira, la terapia familiar trata de usar ese potencial para favorecer los cambios. "Pero no decimos a los pacientes lo que tienen que hacer, porque los consejos están prohibidos en psicoterapia, sino que intentamos ayudarles a buscar una forma alternativa para solucionar sus problemas que le produzca menos dolor, angustia o frustración. La labor del terapeuta es la de plantear la posibilidad de que las cosas se hagan de otra manera, pero quien tiene que elegir siempre es el paciente", advierte.

Para Norberto Mascaró la clave de la terapia familiar es quitar a lo que él llama "paciente designado" del lugar en el que su familia le ha situado para poder empezar a resolver el conflicto. "Si viene a la consulta un paciente que consume drogas invitamos a la familia a participar en una serie de reuniones en las que lo importante es hablar e intentar entender al otro, porque si uno no escucha ni entiende al paciente nunca se van a poder modificar las conductas. Así el terapeuta hace de moderador y sobre todo de traductor, porque tenemos que explicar cosas que la familia no percibe".

Cada escuela de terapia familiar utiliza unos métodos diferentes, pero en casi todas la base es la interacción del terapeuta con varios miembros de la familia al mismo tiempo en la consulta. Lo que suele variar es el tipo de técnicas de 'control de calidad' que se usan en el proceso terapéutico así como las formas específicas de intervención.

Para comenzar la terapia suele ser habitual que en la primera entrevista se invite a todos los miembros de la familia que conviven con el paciente. En esa primera reunión, según explica Annette Kreuz, se intenta ver qué piensa cada uno respecto al problema.

A partir de ese momento cada terapeuta pone en práctica las técnicas que considera más adecuadas: técnicas de conversación específicas; técnicas activas en las que se pide a la familia que durante la sesión se comporte como lo hace habitualmente en casa; se pide a la familia que escriba entre una sesión y la siguiente sobre todo lo que ocurre en la casa; se hacen reuniones de grupos multifamiliares en las que se junta a varias familias que padezcan el mismo problema (por ejemplo, un miembro de la familia que sufra anorexia).

La forma de controlar el propio trabajo por parte del terapeuta familiar y asegurar al mismo tiempo la mayor calidad de asistencia puede implicar la utilización de varios métodos: un espejo unidireccional que permite a un equipo observar el trabajo que hace el terapeuta; vídeo grabaciones; cuestionarios sobre cómo ha sido la entrevista para los afectados; técnicas adicionales psicométricas como cuestionarios de ansiedad, depresión, etc.

Estas son sólo algunas de las técnicas que pretenden que se hable del problema y lograr así un aumento de las capacidades de comunicación del conjunto familiar, porque todas las situaciones de enfermedad o situación conflictiva llevan a un distanciamiento entre las personas, señala Kreuz. "Nuestra meta es la mejora de la comunicación y la interacción, porque al trabajar con toda la familia a la vez, la posibilidad de cambiar la situación es mucho mayor".

Esta psicoterapeuta distingue dos tipos de crisis por los que las familias suelen recurrir a la terapia familiar: crisis inesperadas o situacionales (un accidente, atentado, muerte&) y crisis de desarrollo o evolutivas, que son las que tienen que ver con el paso del tiempo y las etapas normales del ciclo vital, por ejemplo la adolescencia, la jubilación o el quedarse con la casa vacía cuando los hijos se independizan.


El protagonismo de la familia

Una de las principales dificultades a la que se enfrentan los terapeutas es conseguir reunir a todos los miembros de la familia, si bien muchos especialistas aseguran que no es imprescindible que acudan todos a las reuniones. En opinión de Roberto Pereira se pueden producir cambios en todos los miembros aunque no acuda toda la familia a la terapia. "A veces para cambiar a alguien no es imprescindible que cambie esa persona, sino que cambiando a otro se consigue el mismo resultado, ya que todos estamos en relación con nuestro entorno. Si modificamos nuestra manera de actuar es probable que los demás cambien también su manera de actuar hacia nosotros. Por ejemplo, a menudo viene una persona a la consulta diciendo que quiere que cambie su mujer o su marido. Este es un mal planteamiento y nosotros les decimos: ¿por qué no trata de cambiar usted? Si lo hace conseguirá cambiar y mejorar la relación entre ellos. Lo importante es que esos cambios sean dirigidos por un terapeuta".

Annette Kreuz asegura que no suele ser tan difícil involucrar a la familia, aunque reconoce que depende del grado de desestructuración de los vínculos familiares. "En algunos casos de toxicomanía grave o enfermedades relacionadas como el sida, suele ser difícil movilizar a toda la familia, pero hay otras muchas situaciones en las que los familiares vienen de manera voluntaria a las terapias porque tienen algo que decir, y generalmente quieren que las cosas vayan mejor. Al principio a todos les cuesta hablar de sus sentimientos en un contexto extraño y profesional, pero hay que romper el hielo y probarlo para saber si puede ayudar".

No se puede hablar de plazos concretos, pero está comprobado que las personas que hacen terapia familiar durante un tiempo prudencial se benefician notoriamente".

El tiempo de tratamiento y la frecuencia de las consultas varía en función del tipo de problema y del modelo que siga cada terapeuta. Así, la psicóloga clínica Kreuz reconoce que es muy diferente tratar un trastorno de alimentación o una enfermedad psiquiátrica grave como el trastorno bipolar, que es algo crónico que no va a desaparecer por hacer un tratamiento.

En cuanto a la frecuencia de los encuentros con el terapeuta familiar, algunos especialistas trabajan semanalmente, otros cada dos semanas, mientras que otros sólo lo hacen una vez al mes.

Efectividad de la terapia familiar y situación legal de la profesión. A pesar de que la eficacia del tratamiento familiar está científicamente contrastada, para los profesionales clínicos que se dedican a la terapia familiar es complicado aportar datos concretos sobre la efectividad de este tratamiento porque, según reconocen, depende mucho del tipo de problema y de la gravedad. La mayoría opina que son más los casos en los que resulta de gran ayuda que en los que no ha servido para nada.

El director de la Escuela Vasco Navarra de Terapia Familiar confirma los buenos resultados en los casos de adicciones, en familias en las que algún miembro esquizofrenia o trastornos de alimentación, en casos de abusos y malos tratos, en familias multiproblemáticas y desorganizadas o en los duelos tras la muerte de un ser querido. Asimismo, ha constatado que es muy efectivo en trabajos con niños, para problemas de conducta, fracaso escolar y dificultades de adaptación.

Durante los últimos años los terapeutas se están encontrando con un nuevo problema derivado del importante aumento de la inmigración en España. Muchas de las familias que vienen en busca de trabajo y una vida mejor se enfrentan a graves problemas de adaptación, tanto padres como hijos, debido al brusco cambio cultural y social. Roberto Pereira considera muy importante la atención a estas familias inmigrantes y por eso la asociación que preside ha puesto en marcha un servicio gratuito de terapia familiar para este colectivo, que generalmente cuenta con menos recursos económicos.

¿En qué momento hay que plantearse la necesidad de recurrir a una terapia familiar?

Los pacientes y sus familias no siempre conocen esta posibilidad. Por tanto debe ser su médico de familia, un psicólogo o incluso un profesor el que les proponga probar este tipo de terapia. No obstante, el doctor Pereira recomienda buscar ayuda exterior siempre que se hayan agotado los recursos internos con los que cuenta la familia y no se encuentre solución al problema a pesar de haberlo intentado. "Cuando la gente tiene la sensación de estar en un callejón sin salida, en un círculo vicioso del que no se puede salir, es conveniente recurrir a la ayuda profesional".

Todos los terapeutas acreditados por nuestra asociación deben cumplir unos requisitos estrictos de formación. La mayoría tiene una formación de origen dentro de las Ciencias de la Salud y Educación (psicólogo o psiquiatra) y han cursado además una formación adicional de postgrado en terapia familiar que suele durar al menos tres años y debe estar supervisada", apunta.


Escuela Vasco Navarra de Terapia Familiar