Mostrando entradas con la etiqueta Terapia de pareja y de familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Terapia de pareja y de familia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de junio de 2011

El tango en la terapia familiar




por Amilcar Ciola (*) y Marcelo R. Ceberio (**)

El tango, como danza argentina, se ha difundido y echado raíces en diferentes partes del mundo. La Terapia Sistémica, por su parte, a pesar de poseer otros orígenes, ha penetrado profundamente como modelo de psicoterapia en nuestro país.

En numerosas oportunidades se ha parangonado la psicoterapia con el arte de una danza de interacciones. Porqué no concebirla como un tango?...



Cuando se baila el tango..., se debe esperar que la música empiece. En el primero, en el segundo, tal vez en tercer o cuarto compás, la pareja se lanza a la pista. Caminan juntos, una avanza, el otro retrocede. Giran. El que retrocedía, ahora avanza. El que avanzaba, retrocede.

Avanzar, retroceder, girar juntos y de acuerdo: un sistema ordenado.

Cuando se baila el tango, junto con otras parejas -al mismo tiempo y en la misma sala- la distancia y la proximidad se intuyen, se sienten. Sobretodo no hay que competir por el mismo espacio, o sea, no hay que chocarse.

Frenar como si no se frenase, elegantemente. Esperar que la otra pareja se desplace para desplazarse después.

Frenar, desplazarse, girar. Todo forma parte de un interjuego relacional organizado, complementario, armónico: un sistema complejo.

Tal como una escena de baile, la escena de la Terapia Familiar se desarrolla en los mismos términos. Una exquisita coreografía que se gesta y nos involucra desde el primer contacto.

Los integrantes de la familia llegan a la consulta. Se acomodan. Exploran de diferentes maneras el lugar. Se miran y observan al terapeuta, aunque en algunas oportunidades el dolor y la angustia no permiten esa libertad de mirada.

Empieza la danza como comienza en la pista de baile: se inicia el juego de miradas: escrutadoras, interrogantes, seductoras y cómplices, de invitación, de rechazo o de aceptación.

El silencio del comienzo da paso al leguaje de los gestos, mientras la música de las palabras comienza a sonar.

Alguien toma la iniciativa. El miembro más implicado ... o no. Aquella madre que ansiosa solicitó la entrevista. El padre circunspecto que comienza a dar cátedra. El hermano distante, que intuíamos estaba más al margen. La hermana sensible y emotiva, ante la que el terapeuta se pregunta: "dónde puse los pañuelos de papel?".

En este salón de baile se encuentran también las otras parejas. Esas que representan las familias extendidas y creadas, los vecinos, los amigos, los amantes, los otros profesionales que intervinieron en la situación crítica. Los malos y los buenos. Acompañantes y perseguidores. Solidarios y ayudadores. ¡Cuántos contextos intervienen en esta red social! Cuántas parejas para esta misma sala...!

Hay tangos diferentes (1) : algunos "canyengues" (2), con cortes y quebradas, ganchos, ochos y sentadas. Otros, aristocráticos, burgueses, tangos de salón aseptizados. Todos portadores de creencias y valores distintos.

¿Cuál es el tango que baila la familia? El terapeuta observa, escucha, intenta comprender el universo de significaciones en el que se desarrolla el problema familiar.

Se acerca curioso, hasta ingenuo, ensayando bailar de acuerdo al contexto al que pertenece la familia.

Trata de bailar con cada miembro, Baila con todos. Hace que dancen entre ellos. Pero el tango sólo puede bailarse cuando el vínculo se establece, cuando se produce esa amalgama de interacciones complementarias, caso contrario, el tango no es tango, es una sucesión de tropezones.

Las interacciones son pautadas por las intervenciones, al mismo tiempo que estas surgen las interacciones. Así, en forma sucesiva: la armonía.

Describamos uno de los tangos posibles: un terapeuta provoca y confronta, entonces, una madre se enoja. Su hija le ofrece su mano contenedora. Aquella hija que nunca pudo acercarse afectivamente.

El hijo mira en forma desinteresada esta acción. Encierra su bronca por el desplazamiento y busca desesperadamente la alianza con otro miembro. Se encuentra solo en la pista, todos han formado pareja y él se ha quedado sin poder bailar la pieza. Deberá cambiar su estilo de interacción, de lo contrario volverá -en este nuevo juego relacional- a estar solo y abandonado.

Más tarde, el terapeuta observa al padre que mira al suelo, se sienta a su lado e invita al hijo que se aproxime. Se acerca reticente, toma tímidamente el brazo de su padre, que lo abraza acariciándole la cabeza.

Connota positivamente estas actitudes que redefinen el vínculo. Sus compañeros detrás del espejo se emocionan y le señalan que tome un poco de distancia, lo ven demasiado implicado.

Desplazarse, avanzar, retroceder, frenar, girar juntos, ocupar otros espacios. Bailar un nuevo tango.

Lejos de esta pista, lejos de esta danza, más allá de este contexto, otros modelos de conocimiento y sus acciones consecuentes, dan relevancia a otros contextos que se influencian recíprocamente.

Esta danza de contextos pocas veces se parece a un tango, muchas otras se asemeja más a una lucha desesperada por conquistar y mantener territorios, espacios y significados.

Médicos ortodoxamente biologistas reniegan de los factores psíquicos de la enfermedad de sus paciente. Otros, centran su mirada en el individuo, relegando el entorno.

También están aquéllos que utilizan el método analítico en sus investigaciones. Suponen que la suma de las partes dará como resultado el todo, aislando el fenómeno en el intento de comprenderlo.

De esta manera, se continúa construyendo compartimientos estancos. Parece que resultara insoportable aceptar la inseguridad que proporciona la incertidumbre, renunciar a la objetividad y entender que no existe una realidad presupuesta.

Para bailar el tango de la terapia hay que respetar las piezas, las otras parejas que comparten la pista tienen que comprometerse en ese compartir la danza.

La danza de relaciones humanas puede mostrar una estética delicada, en ocasiones, grosera, hasta torpe, o prolija y en constante homeodinamia.

El terapeuta se inserta en ella. Introduce información nueva, genera diferencias, propone nuevos pasos, induce nuevas figuras que posibilitan el surgimiento de otras narrativas.

Pero por sobre todo, imprime la pasión. La pasión que como sentimiento, permite introducir el afecto en el vínculo, acercarse con la mirada (a veces con el cuerpo) y revestir la palabra con un énfasis determinado.

Desplazarse, avanzar, retroceder. frenar, girar juntos, ocupar otros espacios y bailar un nuevo tango, como la terapia, como la vida.

Notas

(1) Pero el tango se diferencia: aquel de la orquesta típica, del smoking y el champagne, que hacía la gala de los aristócratas y sibaritas porteños que miraban a Paris como la cuna de la cultura de occidente.

Este tango convivía con otro: aquél de los barrios bajos, de clase media, bailado por obreros, por guapos de pañuelo blanco abrazando su cuello.

(2) Del vocabulario popular argentino. Implica perspicaz, astuto. (los llamados van al final del artículo como siemprre

(*) El Dr. Amilcar Ciola, psicoterapeuta e investigador, asesor científico de Perspectivas Sistémicas, es el actual presidente de la federación suiza de Terapia Familiar.

(**) El Dr. Marcelo R. Ceberio, editor asociado de Perspectivas Sistémicas, entrenador internacional de Terapia Familiar, director de ESA (Escuela sistémica Argentina), co-director, junto al profesor Paul Watzlawick, la colección "Interacciones, epistemología y clínica sistémica" de la editorial Herder.

Fuente: Perspectivas Sistémicas

miércoles, 28 de julio de 2010

Cómo salir del círculo vicioso de los problemas en la Psicoterapia de Pareja


Muchas parejas que se quieren y que realmente desean seguir juntos pasan por etapas muy difíciles en que los pleitos y los problemas parecen minar su convivencia.

Muchas veces tratamos de dar alguna solución a algún problema de nuestra relación que, aunque parece lógica, resulto inefectiva. En esos casos las personas generalmente pensamos que no hemos intentado esa “solución” lo suficientemente intensa o frecuentemente y, entonces, guiados por nuestros mapas mentales y creencias, hacemos mas de lo mismo.

No siempre lo que parece lógico realmente es útil para salir de los problemas en que nos hemos entrampado. Lo que sea que hagamos deberíamos evaluarlo más por sus resultados que por nuestra lógica.

Los cambios que deseamos en nuestra relación, podemos iniciarlos nosotros mismos, si empezamos a:

1- Prestar atención a lo que ha funcionado en el pasado en la relación. Si recordamos las ocasiones en que nuestra relación ha estado mejor ¿Qué era diferente entonces? ¿Cómo era diferente?

2- Observar lo que actualmente ocurre en el presente en nuestra interacción con el otro.

¿Que es distinto en las ocasiones en que la relación esta bien o, por lo menos, menos mal?

¿Qué hacemos distinto?

¿Qué vería diferente la gente a nuestro alrededor?

3- Identificar cómo se da el patrón de interacción en que surgen los problemas

(¿De qué manera la conducta de cada uno contribuye a hacer el problema de la pareja?) y empezamos a cambiar algunos aspectos de éste.

Puede ser en nuestra manera de actuar ante la situación problemática: empezar a callarnos, en lugar de hablar, o dejar que se vaya la otra persona un rato en lugar de perseguirlo para seguir la discusión, etc.

Cambios en el contexto o situación en que se da el problema: Procurar hacer el problema en la sala de la casa en lugar de en el cuarto o hablando de espaldas el uno del otro en vez de enfrente.

Cambios en el tiempo: Cambiar el momento en que se creaba el problema

4- La terapia de pareja es un trabajo que requiere ir cambiando las quejas que se presentan a peticiones, de lo que cada uno necesita que el otro empiece a hacer distinto en la relación.

5- Avanzar poco a poco, metiendo pequeños cambios que estratégicamente hagan una diferencia.

6- Ayudar a la pareja a crear una visión de la vida que quieren empezar a tener juntos y apoyarlos para ir avanzando en la dirección que necesitan.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia (Silvia Bobadilla)

viernes, 23 de julio de 2010

¿ QUÉ ES LA TERAPIA FAMILIAR ?




La terapia familiar empezó a desarrollarse en Estados Unidos en la década de los cincuenta después de que grupos de psicólogos y psiquiatras comenzaran a trabajar con las familias de los pacientes afectados por diferentes trastornos y comprobaran los buenos resultados. Este tipo de tratamiento llegó a Europa en los años setenta, y diez años después a España, donde ha ido creciendo hasta convertirse en un modelo de referencia que aplican alrededor de 1.500 especialistas pertenecientes a la Sociedad Española de Terapia Familiar.

La base de este tipo de terapia sostiene que tratar de forma aislada a un paciente con una patología grave, sin tener en cuenta su entorno resulta a menudo infructuoso, debido a que alrededor de esa persona se dan una serie de situaciones y factores, entre los que destaca la familia, que influyen en el mantenimiento, mejora o empeoramiento del problema inicial. Esta afirmación la corrobora el psiquiatra, psicoanalista y terapeuta de familia Norberto Mascaró, quien asegura que en la psiquiatría infantil también se ha llegado a la misma conclusión. "Cuando vemos a un niño problemático en un colegio y nos reunimos con los padres, en un alto porcentaje encontramos una problemática familiar detrás del niño que hace que actúe de esa determinada manera".

Los seres humanos somos seres relacionales, es decir, sólo podemos entendernos en relación con los demás, y el principal lugar donde aprendemos a hacerlo es la familia. El psiquiatra y psicoterapeuta Roberto Pereira, director de la Escuela Vasco Navarra de Terapia Familiar, cree que el sistema familiar es el grupo humano más estable que hay y que en cada caso se dan unas normas de funcionamiento concretas. "Cada familia debe ser capaz de atender las necesidades de sus miembros y, a la vez, permitir que adquieran autonomía con el paso del tiempo. También debe ser capaz de adaptarse a los cambios que ocurren dentro y fuera del sistema familiar. Pero esas adaptaciones no son sencillas de realizar, sobre todo cuando se dan otros factores añadidos que las dificultan, como enfermedades, problemas económicos o dificultades de relación entre algunos miembros de la familia".

En algunos casos las familias no cuentan con recursos suficientes para hacer frente de forma adecuada a esos cambios inesperados. "Por ejemplo, cuando se produce la separación de los padres a veces se utiliza a los hijos para atacarse mutuamente. Otro problema habitual es el conflicto adolescente o la crisis que surge entre la necesidad de cuidados que sienten los padres y el deseo de autonomía de los hijos. "Normalmente el desacuerdo tiene que ver con los ritmos en que deben darse ambas cosas", apunta el doctor Pereira.

Una de las premisas de la terapia familiar es que no se debe culpar a una sola persona de todos los problemas porque además de ser injusto, conlleva el riesgo de fijarla de forma permanente a esa situación problemática y al rol de 'enfermo' u 'oveja negra de la familia'. La terapeuta familiar Annette Kreuz, desde la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas, explica que el término 'culpa' no les convence, "porque normalmente los problemas surgen de una situación compleja donde están implicados tanto los contextos externos como las situaciones personales. En terapia familiar se trabaja con la familia no porque sean los culpables de nada, sino porque es el sitio idóneo para movilizar fuerzas o para conseguir que las personas que sufren más puedan superar sus problemas".


En qué tipo de problemas se puede aplicar

En el tratamiento de ciertos problemas psicológicos la ayuda de la familia es totalmente imprescindible, asegura Kreuz. Entre ellos se encuentran los trastornos de alimentación, las diferentes adicciones, diversas enfermedades físicas y mentales, el maltrato a la pareja, los abusos sexuales o los trastornos de personalidad, denominador común bajo el que se engloban toda una serie de alteraciones de la conducta, de impulsividad, trasgresión a las normas impuestas por la familia o el colegio, frecuentes en chavales jóvenes muy difíciles de manejar, con baja tolerancia a la frustración y que no aceptan bien los límites, según Norberto Mascaró, coordinador de psicoterapia de la Sociedad de Avances Médicos. A su juicio este es el tipo de patología más frecuente en la actualidad, acompañado en muchos casos por el consumo de drogas.

A pesar de que puedan no estar funcionando bien y tengan dificultades, todas las familias tienen un potencial muy grande para cambiar y funcionar mejor. Por eso, insiste el doctor Pereira, la terapia familiar trata de usar ese potencial para favorecer los cambios. "Pero no decimos a los pacientes lo que tienen que hacer, porque los consejos están prohibidos en psicoterapia, sino que intentamos ayudarles a buscar una forma alternativa para solucionar sus problemas que le produzca menos dolor, angustia o frustración. La labor del terapeuta es la de plantear la posibilidad de que las cosas se hagan de otra manera, pero quien tiene que elegir siempre es el paciente", advierte.

Para Norberto Mascaró la clave de la terapia familiar es quitar a lo que él llama "paciente designado" del lugar en el que su familia le ha situado para poder empezar a resolver el conflicto. "Si viene a la consulta un paciente que consume drogas invitamos a la familia a participar en una serie de reuniones en las que lo importante es hablar e intentar entender al otro, porque si uno no escucha ni entiende al paciente nunca se van a poder modificar las conductas. Así el terapeuta hace de moderador y sobre todo de traductor, porque tenemos que explicar cosas que la familia no percibe".

Cada escuela de terapia familiar utiliza unos métodos diferentes, pero en casi todas la base es la interacción del terapeuta con varios miembros de la familia al mismo tiempo en la consulta. Lo que suele variar es el tipo de técnicas de 'control de calidad' que se usan en el proceso terapéutico así como las formas específicas de intervención.

Para comenzar la terapia suele ser habitual que en la primera entrevista se invite a todos los miembros de la familia que conviven con el paciente. En esa primera reunión, según explica Annette Kreuz, se intenta ver qué piensa cada uno respecto al problema.

A partir de ese momento cada terapeuta pone en práctica las técnicas que considera más adecuadas: técnicas de conversación específicas; técnicas activas en las que se pide a la familia que durante la sesión se comporte como lo hace habitualmente en casa; se pide a la familia que escriba entre una sesión y la siguiente sobre todo lo que ocurre en la casa; se hacen reuniones de grupos multifamiliares en las que se junta a varias familias que padezcan el mismo problema (por ejemplo, un miembro de la familia que sufra anorexia).

La forma de controlar el propio trabajo por parte del terapeuta familiar y asegurar al mismo tiempo la mayor calidad de asistencia puede implicar la utilización de varios métodos: un espejo unidireccional que permite a un equipo observar el trabajo que hace el terapeuta; vídeo grabaciones; cuestionarios sobre cómo ha sido la entrevista para los afectados; técnicas adicionales psicométricas como cuestionarios de ansiedad, depresión, etc.

Estas son sólo algunas de las técnicas que pretenden que se hable del problema y lograr así un aumento de las capacidades de comunicación del conjunto familiar, porque todas las situaciones de enfermedad o situación conflictiva llevan a un distanciamiento entre las personas, señala Kreuz. "Nuestra meta es la mejora de la comunicación y la interacción, porque al trabajar con toda la familia a la vez, la posibilidad de cambiar la situación es mucho mayor".

Esta psicoterapeuta distingue dos tipos de crisis por los que las familias suelen recurrir a la terapia familiar: crisis inesperadas o situacionales (un accidente, atentado, muerte&) y crisis de desarrollo o evolutivas, que son las que tienen que ver con el paso del tiempo y las etapas normales del ciclo vital, por ejemplo la adolescencia, la jubilación o el quedarse con la casa vacía cuando los hijos se independizan.


El protagonismo de la familia

Una de las principales dificultades a la que se enfrentan los terapeutas es conseguir reunir a todos los miembros de la familia, si bien muchos especialistas aseguran que no es imprescindible que acudan todos a las reuniones. En opinión de Roberto Pereira se pueden producir cambios en todos los miembros aunque no acuda toda la familia a la terapia. "A veces para cambiar a alguien no es imprescindible que cambie esa persona, sino que cambiando a otro se consigue el mismo resultado, ya que todos estamos en relación con nuestro entorno. Si modificamos nuestra manera de actuar es probable que los demás cambien también su manera de actuar hacia nosotros. Por ejemplo, a menudo viene una persona a la consulta diciendo que quiere que cambie su mujer o su marido. Este es un mal planteamiento y nosotros les decimos: ¿por qué no trata de cambiar usted? Si lo hace conseguirá cambiar y mejorar la relación entre ellos. Lo importante es que esos cambios sean dirigidos por un terapeuta".

Annette Kreuz asegura que no suele ser tan difícil involucrar a la familia, aunque reconoce que depende del grado de desestructuración de los vínculos familiares. "En algunos casos de toxicomanía grave o enfermedades relacionadas como el sida, suele ser difícil movilizar a toda la familia, pero hay otras muchas situaciones en las que los familiares vienen de manera voluntaria a las terapias porque tienen algo que decir, y generalmente quieren que las cosas vayan mejor. Al principio a todos les cuesta hablar de sus sentimientos en un contexto extraño y profesional, pero hay que romper el hielo y probarlo para saber si puede ayudar".

No se puede hablar de plazos concretos, pero está comprobado que las personas que hacen terapia familiar durante un tiempo prudencial se benefician notoriamente".

El tiempo de tratamiento y la frecuencia de las consultas varía en función del tipo de problema y del modelo que siga cada terapeuta. Así, la psicóloga clínica Kreuz reconoce que es muy diferente tratar un trastorno de alimentación o una enfermedad psiquiátrica grave como el trastorno bipolar, que es algo crónico que no va a desaparecer por hacer un tratamiento.

En cuanto a la frecuencia de los encuentros con el terapeuta familiar, algunos especialistas trabajan semanalmente, otros cada dos semanas, mientras que otros sólo lo hacen una vez al mes.

Efectividad de la terapia familiar y situación legal de la profesión. A pesar de que la eficacia del tratamiento familiar está científicamente contrastada, para los profesionales clínicos que se dedican a la terapia familiar es complicado aportar datos concretos sobre la efectividad de este tratamiento porque, según reconocen, depende mucho del tipo de problema y de la gravedad. La mayoría opina que son más los casos en los que resulta de gran ayuda que en los que no ha servido para nada.

El director de la Escuela Vasco Navarra de Terapia Familiar confirma los buenos resultados en los casos de adicciones, en familias en las que algún miembro esquizofrenia o trastornos de alimentación, en casos de abusos y malos tratos, en familias multiproblemáticas y desorganizadas o en los duelos tras la muerte de un ser querido. Asimismo, ha constatado que es muy efectivo en trabajos con niños, para problemas de conducta, fracaso escolar y dificultades de adaptación.

Durante los últimos años los terapeutas se están encontrando con un nuevo problema derivado del importante aumento de la inmigración en España. Muchas de las familias que vienen en busca de trabajo y una vida mejor se enfrentan a graves problemas de adaptación, tanto padres como hijos, debido al brusco cambio cultural y social. Roberto Pereira considera muy importante la atención a estas familias inmigrantes y por eso la asociación que preside ha puesto en marcha un servicio gratuito de terapia familiar para este colectivo, que generalmente cuenta con menos recursos económicos.

¿En qué momento hay que plantearse la necesidad de recurrir a una terapia familiar?

Los pacientes y sus familias no siempre conocen esta posibilidad. Por tanto debe ser su médico de familia, un psicólogo o incluso un profesor el que les proponga probar este tipo de terapia. No obstante, el doctor Pereira recomienda buscar ayuda exterior siempre que se hayan agotado los recursos internos con los que cuenta la familia y no se encuentre solución al problema a pesar de haberlo intentado. "Cuando la gente tiene la sensación de estar en un callejón sin salida, en un círculo vicioso del que no se puede salir, es conveniente recurrir a la ayuda profesional".

Todos los terapeutas acreditados por nuestra asociación deben cumplir unos requisitos estrictos de formación. La mayoría tiene una formación de origen dentro de las Ciencias de la Salud y Educación (psicólogo o psiquiatra) y han cursado además una formación adicional de postgrado en terapia familiar que suele durar al menos tres años y debe estar supervisada", apunta.


Escuela Vasco Navarra de Terapia Familiar