lunes, 19 de julio de 2010

Milagro

Hace ya algún tiempo que Gloria Stefan nos dejo esta canción sobre los hijos. Si nos damos cuenta la familia crece gracias a ellos. Los hijos hay que verlos como un regalo, un verdadero don.

jueves, 15 de julio de 2010

¿Hablamos bien de las cosas buenas?




Recientemente escuché en una de las conferencias del presidente del Foro Español de la Familia, Benigno Blanco, lo siguiente: “hay que hablar bien de las cosas buenas”. Pienso que anteriormente esto era propio del famoso sentido común. Sin embargo ya muchas de las cosas que vivimos y que en sí mismas son motivo de alegría nos las tomamos con ambigüedad o como una carga pesada.

Somos como esponjas que vamos absorbiendo la parte negativa de la realidad que contemplamos. Tanto es eso que sin darnos cuenta sesgamos esa realidad y la construimos entorno a lo negativo que nos rodea. Un ejemplo claro lo vemos con el tema de la crisis económica, por todos lados, vayamos donde vayamos, este aire de negatividad nos afecta condicionando a ello nuestras decisiones: total que una pareja de novios pueden plantearse ¿Cómo nos vamos a casar si hay crisis? O cuando vemos que una mujer se queda embarazada poco más que menos le damos el pésame en vez de darle la enhorabuena, etc. Creo que esto en mayor o menor medida nos ha pasado.

Verdades parciales

Nuestras vidas, a veces las vamos edificando entorno a circunstancias externas (que no digo que no haya que considerar), pero no son toda la verdad. Y es que cuando el criterio de la Verdad, de lo Bueno, no nos guía, entramos en una fuerte crisis de proyectos vitales, de los ideales y valores.

Vícktor Frankl (del que he hablado en otras ocasiones) decía: “Los pacientes acuden al psiquiatra porque dudan del sentido de su vida, desesperan de poder encontrarlo”; por eso mismo yo diría que vamos buscando sucedáneos amparándonos en esa construcción negativa de la realidad.

Al fin al cabo la vida, nuestra vida, depende mucho de cómo nos la contemos, o cómo nos hablemos a nosotros mismos y a los demás de las cosas que nos preocupan, nos ocurren, etc. Creo que una vez que caigamos en la cuenta podríamos ser capaces de pararnos, que no siempre es fácil por nuestra vida “estresada”.

Momentos propicios

Hay ciertas épocas del año que pueden ser oportunas y se prestan a ello como lo es la estación del verano. Es algo tan sencillo como lo que nos dice Atoine Exupéry en boca de su personaje del Principito: “Los hombres de tu país cultivan cinco mil rosas en un mismo jardín… y no encuentran en él lo que buscan. Y sin embargo podrían encontrarlo en una sola rosa o en un poco de agua”. Creo que no es un consejo sino una gran verdad pues cuando valoramos lo bueno y lo importante nuestra mirada cambia y nos ayuda a situarnos de otra manera ante nosotros mismos y ante la realidad que se nos presenta. Por ello confiemos en que este verano aprovechemos el tiempo para construirnos sobre la base sólida de aquello que nos ayude a valorar lo que es verdaderamente bueno y darle el significado en positivo que se merece.

María del Carmen González Rivas
Psicologa

lunes, 12 de julio de 2010

Formación en modelo sistémico-relacional

La importancia d ela intervención con familias, nos indica que es primordial para los profesionales que nos movemos en este ámbito, recibir una buena formación para convertirnos poco a poco a poco en terpaeutas familiares, desde ahi os recomendamos este curso que no tiene desperdicio alguno.

Más información:www.asistenciafamiliar.org

jueves, 8 de julio de 2010

En busca de los sueños

Siempre se ha dicho que lo que uno quiere algo le cuesta... y así segun aprendemos a vivir nos damos cuenta que queremos conseguir alcanzar una mayor felicidad, no siempre la buscamos por los caminos adecuados, pues a veces el cansancio, la decepción puden vencernos y sucumbir a nuestros sueños e ilusiones. A veces el que rige todo esto es nuestro pensamiento, el "como me cuento la vida".

La vida puede merecer la pena si uno se abre a a la puerta de Amor, de los valores relacionados con ellos que nos invitan a crecer y favorecer en nosotros un cambio de actitud y de ver la cosas de otra manera.

Esto es algo que trata este pequeña escena de la peílcula "En busca de la felicidad".


domingo, 4 de julio de 2010

Palabras que invitan a la amistad

Querido Principito: Yo no sé porqué, la mayoría de la gente va corriendo de un lado a otro. Todo el mundo tiene prisa, mucha prisa. ¡A tope, a toda máquina!
A veces, la Tierra parece un planeta de seres imprescindibles. Sin embargo, cuando alguien cae enfermo o muere, la vida sigue su ritmo sin tener en cuenta que, en un determinado lugar, una persona…- ¡millones d personas!- ha dejado de apresurarse.

Corremos tanto, que es fácil no ver, no escuchar, no dialogar, no acariciar, no sentir, no pensar…y en consecuencia, no amar.
El amor necesita un ritmo, una cadencia que no sabe de prisas.
Yo- se dijo del Principito-, si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, andaría despacito hacia una fuente…
Si también yo tengo sed…¡Busquemos un pozo!...

A veces, nos encontramos solos entre la gente…, como en un desierto. No vemos nada. No oímos nada. Pero el desierto oye, aunque los hombres no oigan, y un día se convertirá en un desierto de sonidos (Miguel de Unamuno). Y sin embargo, algo resplandece en el silencio…

Un pozo de amistad se esconde en algún lugar; como un tesoro escondido. Es necesario buscarlo…, casi en secreto. Rebosaremos de alegría cuando lo descubramos. Sentiremos en el fondo de nuestro corazón; al mismo tiempo, este aumentará su caudal, al ir estableciendo nuevos lazos de amistad.

Los hombres de tu país- dijo el Principito- cultivan cinco mil rosas en un mismo jardín…y no encuentran en él lo que buscan…
- No lo encuentran…, respondí.
- Y, sin embargo, lo que buscan podrían encontrarlo en una sola rosa o en un poco de agua…
- Desde luego respondí
Y el Principito añadió: Pero los ojos están ciegos: hay que buscar con el corazón.
El corazón encuentra lo que buscamos, si le dejamos amar.

Uno se expone a llorar un poco-puede que mucho- cuando se ha dejado domesticar…
Nos exponemos a llorar pero también a reír, a soñar. Eso es la felicidad.
A veces, no sé por qué, guardamos nuestros sentimientos en lo más grade de nuestro ser. Y sin embargo, todo está listo, como en el pozo; la polea, el cubo y la cuerda…

Cuando alguien nos quiere, nos da la oportunidad de amar. Gemimos como esa vieja veleta- casi olvidada- porque el viento ha estado durmiendo mucho tiempo.
¿Lo oyes?- dijo el Principito-. Despertamos a este pozo y se pone a cantar…
Es bueno para el corazón como un regalo.


Kika Tomás y Garrido del libro cartas al “El Principito”

jueves, 1 de julio de 2010

El camino.... se hace al andar

Se dice que la vida es vida porque queremos vivirla porque estamos vivos, porque todo es un continuo aprendizaje. Porque siempre hay que decir sí a la vida, proponerse que todo puede salir mejor, si uno se atreve, si uno aprende a caminar.

domingo, 27 de junio de 2010

Conciliar trabajo y familia, en versión masculina





Según un estudio, ni a los hombres se les facilita tanta flexibilidad como a las mujeres, ni ellos la piden (Fuente: Aceprensa 22/06/2010 )



Compaginar profesión y vida de familia puede resultar tan arduo para los hombres como para las mujeres. La principal diferencia es que para ellas las dificultades consisten más bien en soportar la carga de la doble dedicación, mientras que a los maridos les detienen antes los obstáculos y el trabajo gana claramente la partida. En cierto modo, dicen los autores de un estudio publicado la semana pasada por el Boston College, los hombres con hijos afrontan una lucha semejante a la que libraron las mujeres, pero al revés. El papel de las madres en el hogar se daba por supuesto, y tuvieron que abrirse hueco en el trabajo. Ahora, los padres necesitan que se les reconozca en la práctica que sus obligaciones familiares exigen mucho más que llevar dinero a casa.


Cuando se reincorporan al trabajo tras la maternidad, las mujeres suelen pedir horario reducido o flexible, cosa que pocos hombres hacen cuando tienen un hijo.

El estudio, The New Dad: Exploring Fatherhood Within a Career Context, es de Brad Harrington, director del Center for Work and Family del Boston College, y dos colegas. Se elaboró a partir de entrevistas a padres primerizos: casados, con esposa que también trabaja fuera de casa, un solo hijo de 3 a 18 meses, título universitario y al menos cinco años de trayectoria profesional. Se trataba de averiguar cómo la paternidad les cambia la vida.

Todos se manifestaron contentos con su nueva experiencia y conscientes de que el hijo requiere mucha atención por parte de ellos. Están dispuestos a dedicarse a la familia, al menos tanto como sus mujeres. Sin embargo, casi el 60% ­dicen tener dificultades serias para conciliar hogar y trabajo, según otra encuesta anterior del Families and Work Institute (2008). Y lo más notables es que ese porcentaje es mayor que el de las mujeres, 42%. En 1997 era al revés: 35% de los hombres, 40% de las mujeres.

La solución radical sería hacerse amo de casa. Pero muy pocos de los papás encuestados se han planteado en serio esa posibilidad, y la descartaron, porque la familia no podría mantenerse solo con el sueldo de la madre. Esto contribuye a que en la gran mayoría (70%) de los hogares con padre, madre y niños en Estados Unidos, los dos trabajen fuera, y cuando no es así, en casi todos los casos (97%), es ella la que se queda. De todas formas, el motivo económico se va atenuando, pues ya en casi uno de cada cuatro parejas con dos sueldos, la mujer gana más que el hombre.

Menos flexibilidad laboral para hombres

En todo caso, para los encuestados tener un hijo afectó claramente a sus actitudes. Al sentir más fuerte la llamada del hogar, ya no están tan dispuestos a hacer excesos por la empresa. Aunque dicen que no hubo un cambio drástico en sus aspiraciones profesionales, manifiestan tener ahora otra idea del éxito, más global y equilibrada. También el entorno profesional respondió favorablemente. La noticia del nacimiento fue bien recibida por jefes y colegas; muchos dicen incluso que tienen superiores muy comprensivos con las mayores exigencias domésticas que supone la flamante paternidad.

Pero las buenas intenciones de todos no tienen tanta repercusión práctica. Los empleados con hijos pequeños, observan los autores de la encuesta, sufren una sutil discriminación, porque de hecho se supone que sus responsabilidades paternas no les afectarán mucho ni les requerirán mucho tiempo, a diferencia de lo que se acepta en el caso de las madres. Y aun los que dicen tener más facilidades por parte de los jefes, confiesan que a menudo no se atreven a aprovecharlas, y cuando se toman algún tiempo para atender una emergencia familiar, suelen hacerlo de modo “extraoficial”, sin pedirlo formalmente.

En suma, hay mucha menos flexibilidad laboral por razones familiares para los padres que para las madres, y la diferencia se debe en parte a la mentalidad dominante. Así, las mujeres se plantean con naturalidad pedir excedencias o suspender la carrera profesional por algún tiempo para atender a los hijos pequeños; los hombres, en cambio, no. Cuando se reincorporan al trabajo tras la maternidad, las mujeres suelen pedir horario reducido o flexible, cosa que pocos hombres hacen cuando tienen un hijo.

Desigual reparto de tareas domésticas

No es extraño, pues, que no se haya alcanzado la equiparación entre los sexos en cuanto a la dedicación de tiempo al hogar, pese a las ideas igualitarias de los nuevos papás. En la encuesta del Families and Work Institute, el 49% de los hombres dijeron que se ocupaban de cuidar a los niños al menos tanto como sus mujeres; pero de ellas, solo el 31% dieron tan buenos informes de sus maridos. Si se echan cuentas, resulta que, en los matrimonios en que trabajan fuera ella y él, la mujer emplea una media de 28 horas semanales en tareas domésticas, y el marido, 12 horas menos, en buena parte porque los hombres tienen, por término medio, una semana laboral más larga (datos de la U.S. National Survey of Families and Households).

Tal desigualdad no es exclusiva de Estados Unidos. La detecta también el estudio Growing Up in Australia, que sigue desde 2004 la trayectoria de 10.000 niños –y sus familias– de aquel país. Además, examina por separado a cada progenitor, y muestra que el padre dedica a los hijos la mitad de tiempo que la madre.

Por ejemplo, los niños de 4-5 años pasan 12,1 horas diarias con la madre y 6,1 horas con el padre (incluido el tiempo nocturno). Lo que no significa que la madre esté sola con el hijo durante 6 horas al día, sino más, pues el padre se ocupa él solo del niño no más de 30 minutos los días laborables y casi 90 minutos los fines de semana.

También en el caso australiano la jornada laboral se muestra decisiva. En efecto, la disparidad se acorta mucho si la mujer tiene un empleo de 35 horas o más por semana: en tal caso, ella pasa con el niño 9,2 horas diarias, y el marido, 7,7 horas. En cambio, la máxima diferencia se da cuando la mujer no tiene empleo (7,2 horas más ella que él) o el marido trabaja 55 horas o más por semana (6,9 horas). Se vuelve a ver que compaginar empleo y familia es un problema de dos.