lunes, 8 de febrero de 2010

Abuelos “canguro”, pero no esclavos





Jaime V. Echagüe - La Razón 7 de febrero 2010.

07-02-2010

Pagan hipotecas, cuidan de los niños y, a veces, hasta los educan, pero en ocasiones se abusa de ellos.

Aunque es ahora cuando los vemos en las salidas de los colegios colgados de una mochila, o en los parques tirando de un “cochecito”, el fenómeno de los “abuelos canguro” se remonta al origen de nuestra especie. El estudio “La generación de la transición: entre el trabajo y la jubilación”, del Servicio de Estudios de La Caixa, revelaba que hace miles de años un modelo familiar básico “incluía no sólo a un padre y una madre, que se ocupaban de la crianza de los hijos; también había una abuela, la madre de la madre, que la ayudaría en la tarea”. Poco hemos cambiado.

Los abuelos. Lo que ellos no tuvieron cuando eran jóvenes, lo ofrecen ahora en su vejez. No sólo hablamos de “canguros”. Ejercen de enfermeros, cuidadores y educadores de sus nietos. Posibilitan que muchas madres se puedan incorporar al mercado laboral. En un divorcio o separación, aportan estabilidad familiar e incluso son padres “sustitutos”. Y si tienen que rascarse el bolsillo y dejarse parte de su escasa pensión en la hipoteca de sus hijos, lo hacen. Muchos hogares funcionan mejor gracias a ellos. Y en tiempos de crisis, estos gestos cobran mayor trascendencia.
“Realizan una labor social”, comenta a este diario Javier García, director de la ONG Mensajeros de la Paz. “A nivel de ayuda económica, anímica, logística, cuidado de los niños... los que más ayudan son ellos”, añade. Y es que, “para las Administraciones es muy cómodo que existan los abuelos. Se lo dan todo hecho”. Un dato significativo: según el Imserso, sólo en el concepto de guarderías, los abuelos pueden suponer un ahorro de 400 millones al año.
Según la encuesta elaborada en 2009 por la Asociación Edad Dorada Mensajeros de la Paz, el 79,14% de los hogares afirmaba que la crisis había provocado un aumento de la solidaridad familiar. En un 49%, este apoyo viene de los abuelos hacia los hijos y los nietos, mientras que en un 33% es al revés. En otro 49%, la ayuda es no material –doméstica y afectiva– en un 29%, económica, y en un 22%, ambas. Y en cuanto a la ayuda material, la principal es llegar a fin de mes en un 34,93% de los casos.
Ahora bien, no hay que abusar. Y desgraciadamente, muchos padres lo hacen. “Hay que prevenir el síndrome de la “abuela esclava”“, afirma la gerontóloga María Dolores Ortiz. Dicho síndrome se refiere a la abuela, y no al abuelo, porque son ellas –especialmente las maternas– las más solicitadas en las labores de crianza –cambiarles, darles la medicina, etc.– mientras que ellos “se ocupan de tareas más accesorias”, como llevarlos al colegio.
El estrés y el agotamiento, vinculados a toda la responsabilidad que acarrea la carga, son los principales síntomas del síndrome. “No lo van expresar, pero su organismo puede dar señales de alarma”, afirma Ortiz, que añade: “Las fuerzas son menores según se cumplen años y hemos de ser conscientes, tratar de que los abuelos sigan teniendo sus viajes, descansos, vacaciones, contactos con amigos...”.
Así, los abuelos “tienen el derecho a decir que no, al igual que a decir que sí. No podemos esclavizarlos. Los mayores nos aportan un beneficio social incalculable”.

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