lunes, 12 de abril de 2010

La llegada de las crisis conyugales: oportunidad y crecimiento

De nuestra encuesta de estos meses, vemos la importancia de que muchos de nuestros lectores señalan como uno de sus vínculos fundamentales a la pareja, en honor a ello reproducimos un artículo de interes sobre el matrimonio.





Durante la formación de la pareja a la constitución del matrimonio, la relación de pareja no es estática, al contrario dinámica, recorre distintos momentos o ciclos evolutivos. Y con ello acontecen distintas crisis, derivado este vocablo del chino significa o bien peligro u oportunidad.
Y es que al igual que las personas cambiamos es necesario sostener que la relación de pareja también lo hace, por diversos motivos ya sean intrínsicos o por circunstancias externas. Lo cual significa que es muy saludable estar abiertos a los cambios, abiertos en definitiva a la sorpresa y ser hábiles en su correspondiente adaptación.

De esta manera hay que comprender lo que suponen estas crisis y aprender a diferenciar unas de otras para entenderlas en el contexto adecuado. Así bien están aquellas crisis, que denominamos evolutivas: aquellas que suponen la transición de unas etapas o momentos evolutivos que por diferentes motivos no se han resuelto con normalidad en la familia: adaptaciones iniciales a la vida de casados, la llegada del primer hijo, crisis de mediana edad, crecimiento de los hijos, jubilación, etc.; por otro lado están aquellas crisis extraordinarias provocadas por elementos que llegan en los momentos más inesperados y difíciles de preveer: pérdida de trabajo de unos de los miembros, hijos con problemas, una enfermedad o accidente, que unos de los miembros de la pareja descubre cosas nuevas en sí mismo y necesita hacer cambios significativos, etc.

Deducimos que ambas crisis son muy distintas, y nos centraremos en las evolutivas que son las que son motivo de muchas terapias de pareja en su mayoría. Hemos de saber que estas crisis en principio ni son buenas ni malas simplemente son y se dan.
Con referencia a estas últimas se suele decir que la crisis no es el problema, sino como se afronta esta. Así por ejemplo es necesario saber que la relación con mi cónyuge va a cambiar en el momento de que tengamos un hijo y eso es motivo para que ambos miembros de la pareja sepan como lo van afrontar, lo que no resolvería la crisis es no tratar el tema cuando vienen los hijos dejarlo todo al azar o a las circunstancias de ambos, esto es lo que poco a poco ira minando la relación de pareja. Este tipo de crisis se convierte por lo general en un cúmulo de conflictos no resueltos, que se han ido amontando con el tiempo y que suelen hacerse más patentes y explícitos en momentos o situaciones un tanto especiales, como consecuencia de la presencia de un nuevo conflicto añadido. Es conveniente ante esto hacer un alto en el camino, reflexionar y encontrar un espacio de comunicación en la pareja y así respetar el dicho de “en tiempos de desolación no hacer mudanza”, es decir esperar y no tomar decisiones precipitadamente.

Visto de esta manera toda crisis es una oportunidad para renacer, de crecimiento, superación y desafío para la pareja así bien lo dice R. Marcos: “Junto a la libertad elegir esta implícito el derecho de cambiar de parecer”.

Mª Del Carmen González Rivas
psicóloga

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