viernes, 2 de noviembre de 2012

Pérdidas y duelos


          A través de éste tema hemos de transmitir y aprender que muchas de las personas, situaciones y cosas con las cuales nos hemos encontrado, las tendremos que dejar atrás. Esto significa elaborar lo que habitualmente llamamos “pérdidas”, atravesar un proceso que técnicamente se denomina “duelo”.  Elaborar bien este proceso es muy importante pues no hay posibilidad de seguir adelante en el camino de realizarse como persona, de ser feliz, en tanto no seamos capaces de dejar aquello que ya no está. Para ello hemos de recorrer una serie de etapas en este proceso; estas constituyen un esquema  cuyo primordial objetivo es la invitación a la reflexión. 

Hay que aprender a recorrer este camino de las pérdidas, hay que aprender a sanar estas heridas que se producen cuando algo cambia, cuando el otro parte, cuando la situación se acaba, cuando ya no tengo aquello que tenía o creía que tenía o cuando me doy cuenta de que nunca tendré lo que esperaba tener algún día.

Estas pérdidas forman parte de nuestra vida, son constantes universales e insoslayables. Y son pérdidas necesarias porque crecemos a través de ellas. De hecho, somos quienes somos gracias a todo lo perdido y a cómo  nos hemos conducido frente a esas pérdidas.

Este camino señala que debemos renunciar a lo que ya no está, y que eso es madurar. Asumiremos al recorrerlo que las pérdidas tienden a ser  problemáticas y dolorosas, pero sólo a través de ellas nos convertimos en seres humanos plenamente desarrollados.

          La elaboración del duelo es un trabajo; sí, el trabajo de aceptar la nueva realidad.  Y no es un trabajo cualquiera sino bastante arduo y complicado porque es muy doloroso y contra el que muchas veces nos rebelamos. Es pues un trabajo que consiste en un Proceso de aceptación: que quiere decir tiempo y cambio que quiere decir dejar de pelearme con la realidad que no es cómo yo quisiera. La pérdida la hemos de contemplar como un camino necesario y estas son las cosas que han hecho de nosotros esto que somos.
            Nadie puede evolucionar sin dolor, nadie puede crecer si no ha experimentado antes en sí mismo gran parte de las emociones y sensaciones que puede evocar en nosotros la palabra pérdida. Viktor Frankl, psiquiatra vienes que vivió los campos de concentración en Alemania, sostiene que “sufrir significa obrar y crecer, pero también madurar. En efecto, el ser humano que se supera, madura hacia lo más genuino de su interior”.
                       

Mª Del Carmen González Rivas
Centro de atención Psicológico y Familiar Vínculos

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