miércoles, 25 de agosto de 2010

Venciendo ansiedades en el Camino


Uno de los problemas más comunes en nuestros tiempos en consultas clínicas vienen siendo los trastornos de ansiedad. En el caso de algunos jóvenes se presentan en problemas con los exámenes, o de relaciones de pareja, que es lo que les toca vivir en ese momento evolutivo. Y es que probablemente muchos de nosotros veríamos que se trata de algo que posiblemente sería fácil de solucionar. Sin embargo cuando intentamos ayudarnos desde el enfoque sistémico y humanista durante la terapia, observamos cómo estos jóvenes tienen una carencia importante que es la de proponerse metas y afrontar determinados miedos que les sitúan en dar el paso a la asunción de determinadas responsabilidades, así como posibles frustraciones que puedan venir a lo largo de su vida.


Manejar estos miedos, incertidumbres es lo que verdaderamente ayudaría a estos jóvenes y no tanto dar una técnica concreta de afrontamiento del estrés (aunque pueda ayudar por supuesto pero no es la raíz del asunto). Es por tanto urgente proponer a los jóvenes actividades que les ayuden y favorezcan en su crecimiento personal, sino vienen dadas por las circunstancias que fueren hay que buscarlas y aprovechar esa oportunidad para aceptarlas. De ahí la experiencia del Camino de Santiago que muchos jóvenes han realizado durante todo este verano. Y es que la peregrinación es toda una metáfora de la vida, la vida misma que nos enseña a ver que los caminos fáciles no llevan a la verdadera felicidad, sino que todo es cuestión de esfuerzo, paciencia y perseverancia. Ahí es donde todos los miedos, inseguridades se redefinen, cambian y se les da un nuevo color facilitando no solo superar las ansiedades de muchos jóvenes a los exámenes o dificultades en sus relaciones de pareja sino algo mucho más central: un nuevo horizonte que los conduzca a revisar la propia vida y dar importancia a lo que es verdaderamente importante.

Mª Del Carmen González Rivas
Psicóloga

sábado, 14 de agosto de 2010

En vacaciones seguimos educando


Si durante el período de trabajo hemos tenido mucha preocupación para conciliar el trabajo y la vida de familia, tenemos unos días para recuperar, sin agobios, un tiempo magnífico para vivir con serenidad.

Ha llegado pues el momento de disfrutar de los hijos con tranquilidad y aprovechar el tener a mano la posibilidad de darse personalmente sin prisas, buscando el mejor tiempo para que estas vacaciones queden en la memoria de los nuestros.

Procuremos ¡esto si!: con mayor flexibilidad, seguir viviendo en casa la obediencia. Es normal relajarse y descansar pero es necesario no perder todo lo que hemos logrado anteriormente. Es también el momento de revisar la lista de encargos y hacer cambios. Seguir con la idea de la participación de los hijos en las tareas del hogar, con la motivación de poder ampliar el abanico de diversiones será beneficioso para todos.

El ocio de nuestros hijos ha de ser considerado como reparador de fuerzas, de descanso del estudio, así como para los adultos es un descanso del trabajo. Este es un aspecto importante del ocio, actividad relacionada con el espíritu, que se opone radicalmente al negocio –negación del ocio– y que no busca ningún provecho material. Es bueno que los hijos adolescentes comenten con los padres que actividades les gustaría hacer, a partir de cierta edad pueden elegirlas libremente, con orientación nuestra. Al ser el ocio de nuestros hijos, fruto de lo que ellos han querido escoger, podrán ejercitar su iniciativa, creatividad, inventiva e imaginación.

No olvidemos estas pequeñas recomendaciones:

Alegría y el buen humor en el ambiente en vacaciones

Para evitar problemas es aconsejable organizar actividades divertidas y atractivas; y especialmente elegir lugares en que podamos encontrar otras familias ocupadas de la formación de sus hijos y unirnos para encontrar diversiones -las excursiones y el deporte siempre son las calificadas con más “estrellas”- y mejorarnos, padres e hijos, a través del trato social. Vivir la amistad con más intensidad y la sociabilidad son dos valores propios del tiempo de vacaciones.

Dar mayor importancia al diálogo

En tiempo de vacaciones las conversaciones pueden y deben ser más relajadas y aprovechar el tiempo de descanso para tratar temas más profundos como las consecuencias de las salidas nocturnas, adicciones, sexualidad, el uso del móvil, el de Internet, etc.… y escuchar lo que piensan nuestros hijos. Igual que en medicina con el diagnóstico precoz, en educación también se trata de prever. Si escuchamos sin mirar el reloj entenderemos mejor las inquietudes y la forma de ser de nuestros hijos.

No olvidar a los abuelos

Algunos padres se reúnen con otras familias en casa de los abuelos. Se trata de organizarse de manera que los abuelos estén descansados para transmitir raíces, memorias y cultura de la vida sin estar agobiados. La mejor manera es ponerse de acuerdo con ellos antes de empezar la estancia en su hogar. Es una ocasión de oro para los nietos convivir pacíficamente con los progenitores de sus padres. Con orden se puede hacer de abuelo o de abuela (lo digo por mi experiencia) con toda la capacidad de amar que dan los años y el sentimiento de cariño que reedita la juventud del corazón de los que tenemos el privilegio de ser abuelos.

Victoria Cardona

Orientadora Familiar