lunes, 28 de diciembre de 2009

LOS VALORES DE LA NAVIDAD


Cuando miramos la vista atrás nos damos cuenta de que mucho de nuestro bagaje personal se ha formado en nosotros gracias a cuentos o historias. Gracias a ellos nuestras dimensiones afectivas y cognitivas se han ido potenciando y albergando la riqueza de un mundo de ilusión.
Aún suena la melodía en nuestros oídos de esas palabras que iniciaban los cuentos: Érase, había una vez. Generación tras generación ellos han estado en boca de nuestros mayores.
Como vemos la gran riqueza del cuento es muy variada, los niños que se inician en ellos desde bien pequeños les ayuda a estimular sus funciones cognitivas: lectura y compresión del texto con el consecuente fomento de su pensamiento e imaginación; el desarrollo de actitudes empáticas (ponerse en el lugar del otro) cuando hacen un personaje suyo al que admiran, por el que sienten lástima o quizá alegría. De esta manera entran en contacto con las emociones y sentimientos, fundamental en su desarrollo evolutivo. Y es que el niño que reconoce estos y que posteriormente se le permite expresarlos, se le favorece su estima personal y a que su mundo de relaciones sea rico y comunicativo.
No nos olvidemos por su puesto, que el cuento implica una historia, pero no cualquiera, bien elaborada incluye una moraleja o enseñanza, que es el que el niño va interiorizar, depende de la historia el niño integrara en él ciertos valores.
Aquí es donde tenemos que pararnos a reflexionar sobre ¿qué valores estoy inculcando a mi hijo? ¿Que valores quiero inculcarle? Los valores en definitiva son aquellos que van a caracterizar mi identidad, mi biografía personal, que es fundamental que toda persona tenga, la persona que carece de valores, es voluble, fácilmente manejable y carece de un sentido de la vida, en cierto sentido es lo que ya anticipo el psiquiatra y psicólogo vienes Víctor Frankl:” La gran enfermedad de nuestro tiempo, es la carencia de objetivos, el aburrimiento, la falta de sentido y de propósito”
La responsabilidad como padres y educadores es primordial. Con todo esto recordemos que estamos en ese tiempo de la Navidad y que como cristianos, los valores que alberga la Navidad hay que sacarlos del olvido. Una tradición, un acontecimiento que no se vive por lo que es, se pierde. Las cosas no se dan simplemente porque tocan, (quizá como la lotería), no la Navidad no se da porque toca, la Navidad es algo más, si queremos que así lo sea y si transmitimos a nuestros hijos. Por eso contemos con los cuentos, con las historias, con los villancicos, etc. que en ellos se haya el contenido, que les prepare como bien dice el adviento a saborear la gran alegría del nacimiento del Señor. Respetando los tiempos, un tiempo para estrenar al fin y al cabo sonrisas y alegrías entre los más pequeños de la familia, que descubran el verdadero sentido de la Navidad: porque estar alegres, porque cantar villancicos, porque esperar a los juguetes, porque compartir, porque vivir en familia, etc.
Al fin y al cabo, ¿Qué viene a dar sentido a todo esto? sino es para celebrar como bien dijo Sartre, en una obra bien desconocida para muchos Barioná, el hijo del trueno, el nacimiento de “Un Dios muy pequeñito al que se puede coger en brazos y cubrir de besos, un Dios caliente que sonríe y que respira, un Dios al que se le puede tocar; y que sonríe”.
De esta manera no permitamos que nuestros hijos pasen una Navidad sin impregnarse de una historia con una gran riqueza de contenido, la historia de nuestra salvación. Conduzcamos a los niños hacia el portal, como lo hicieron los pastores, y más tarde los magos, que puedan disfrutar ellos también de la alegría del nacimiento del niño Dios.

Mª del Carmen González Rivas
Psicóloga

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